CAPITULO I
Hacían ya 3 años desde que John se
había mudado solo a un apartamento en Main Street. La pieza ubicada en la
planta baja de una edificación de unos 40 años de antigüedad constaba de una
sola habitación, cocina, un baño y una pequeña sala con una sola ventana hacia
la calle. La puerta del apartamento daba directamente a la acera, por lo que
John no tenía que pasar por algún lobby o pasillo antes de entrar o salir.
John era el mayor de tres hermanos y
desde que cumplió la mayoría de edad le entro en la mente la idea de la
emancipación. Que mayor logro cuando su papa le dijo en una de sus arrancadas
de soberbia: “Te vas para el carajo y no vuelvas!”; para John marcó el inicio
de una vida en completa independencia.
De carácter retraído y de poco hablar,
John disfrutaba al máximo los momentos de soledad en el apartamento, los cuales
pasaba casi en su totalidad en completo silencio, salvo el constante ruido del
tráfico de la calle que le pasaba al frente.
Las cornetas, los motores y las
groserías de los buhoneros formaban parte del ambiente “underground” que le
acompañaba.
El viejo lo mando para el carajo,
pero no lo mando sin plata. John había iniciado su vida independiente con una
cantidad de dinero en una cuenta de ahorros suficiente para subsistir un año o
un poco más llevando una vida austera.
¡Que de cantidad de cachivaches
dejaron en esta vaina! John revisando los trastes dejados por los antiguos
inquilinos del apartamento, con calma y como quien examina una hueso de
dinosaurio en un campamento arqueológico, consigue de todo; desde medias usadas
hasta viejos libros de química y física. Debajo de la cama en el fondo
encuentra un cassette grabado con una etiqueta que lo identifica como “The
Police” y para su asombro, consigue un libro que le llama la atención.
Se trataba de un libro con una
portada negra y un círculo blanco que decía “Escribe aquí tu nombre…” Al
abrirlo, John se percato de que se trataba de un cuaderno para diario sin usar.
Fue a partir de allí que decidiría escribir las vivencias de su nueva etapa de
emancipación.
Marzo 4.- Me he levantado, soy libre!
Ahora qué coño comeré? Ahí tengo unos huevos, los comeré fritos, un café con
leche y para la cama otra vez, a ver que se me ocurre.
Marzo 6.- Esta mañana salí a la
calle, la tengo tan cerca, parece que vivo en ella, pero no. Aquí estoy con un
techo y cuatro paredes que me separan de la barbarie urbana, de ese monstruo
que los ilusos llaman ciudad. Mi vida independiente comenzó comprando el
periódico. Qué asco las noticias, que país, que ciudad, que veneno. Leer el
periódico en la mañana puede hacerte ver un cielo azul lleno de canarios
convertido en un cielo gris lleno de buitres, ver sonrisas convertidas en
lágrimas y simplemente no esperar nada bueno del futuro ni de nada. Un día
desperdiciado gracias a la lectura de unos asquerosos titulares…
Marzo 7.- Al tomar el autobús con
dirección al centro me dirijo hacia un lugar donde venden libros viejos. Que de
buenos títulos! Desde Don Quijote hasta el Cid Campeador, desde Cien Años de
Soledad hasta los cuentos de Canterbury…como me gusta leer, de todo, menos
periódicos. De regreso a la casa, cruzo miradas con una joven de quien no sé
nada.
Marzo 8.- Necesito un cigarro. ¿Donde
habrá un quiosco cercano? Saldré a ver. .. Qué bueno haberlos encontrado,
aunque con la plata del viejo no me alcanza para algo más fuerte, tendré que
conformarme por ahora con estos.
Marzo 9.- ¿Quien leerá estas notas?
Parezco una quinceañera escribiendo todos los días en un diario. Tal vez en mil
años cuando nuestro idioma sea una lengua muerta, utilicen estas páginas como
fósiles de la tan popular civilización occidental, que por supuesto para aquel
entonces estará extinta al paso que vamos. … Ya llevo 8 cigarros y no son ni
las 11 de la mañana. ¿Acaso este es el precio de la emancipación?
Marzo 10.- Son las 3 AM. No puedo
dormir. El ruido de los carros es casi nulo. Solo se oyen sirenas lejanas de
policías o ambulancias. Ya conozco mejor las 4 cuadras a la redonda que me
rodean; ya sé en donde se encuentra una farmacia, el quiosco para los cigarros,
el bar (aunque no he ido aún), la tienda de discos, una librería, una panadería
y un supermercado.
De todos ellos, es el quiosco el
lugar que más he visitado. Tal vez mañana visite el bar; podría así conseguir nuevas
amistades acordes a mi nueva vida de independencia.
CAPITULO II
Marzo 17.- Ha pasado una semana desde
la última vez que escribí en este libro. Los únicos recuerdos vagos que tengo
de esos días fue que por fin conocí el bar. Debo confesarlo, recuerdo con
claridad las primeras diez cervezas que bebí. Todo lo demás es borroso, cada
vez que trato de recordar algo, me vienen a la memoria historias diferentes,
contradictorias.
Marzo 18.- Esto de escribir en este
libro se ha convertido en una adicción. No concibo realizar ninguna acción en
mi emancipada vida sin plasmarlo en tinta en estas hojas color blanco ocre con
olor a cucarachas. En los alrededores del bar veo caras conocidas, tal vez hice
amistades que no recuerdo durante mi periplo de cinco días de borrachera.
Muchas caras conocidas, repetitivas. Todas menos la joven que vi hace días.
¿Quién era ella?
Marzo 19.- hoy fui al bar de nuevo,
pero no a beber. Quiero reconstruir lo que paso durante esos cinco días, a
través de los relatos de las personas que tal vez conocí hace una semana. Al
entrar, me encuentro con un tipo apodado Tony. Me saluda, como a un viejo
amigo. Sin embargo, para mí era la primera vez que lo veía. Le pregunté sobre
mi estadía en el bar y comenzó a contarme.
Me comentó que, desde que entré, me
senté en la barra viendo fijamente un cartel que decía “Coca Cola” por más o
menos diez a quince minutos; hasta que pedí una cerveza. Me mantuve en silencio
durante las primeras cinco. Cuando terminé la décima, le pregunte a Tony si
había leído a Platón…
En ese momento paré a Tony y le
pregunte: ¿Platón?! Debo confesar que en mi vida he leído un solo libro de ese
señor. Pero mi sorpresa se agudizó más cuando me dijo que no solo hablé de
Platón; también mencione a Aristóteles, Kant, Galileo Galilei, entre otros….
¡Vaya! ¡Lo que hacen diez cervezas!
Cuando Tony me confirmó que no fueron
diez cervezas sino veintisiete, pude comprender el porqué de mi esquizofrenia
etílico-filosófica.
No sé si fueron las veintisiete
curdas o la avalancha de pendejadas medievales de mi verborrea, o tal vez la
mezcla de las dos, pero lo cierto es que no supe de mí durante cinco días…lo
cual me recuerda: No me he visto en un espejo desde que llegue a este edificio.
Ya va, ¿hay un espejo aquí? No, lo suponía.
Marzo 22.- Aun estoy sufriendo los
estragos del ratón de los cinco días de pea. Aunque ahora ya no me duele la
cabeza y no tengo sed. Se me acabo la pasta de dientes y el listerine haciendo
gárgaras para quitarme el aliento de vikingo que tenía. Voy al súper a ver si
consigo…
Marzo 23.- Cualquiera que vea este
diario pensará que mi vida es tan fastidiosa que en un día solo escribo que voy
a comprar crema dental en los chinos de la esquina. Pero es así, así es la vida
de un emancipado de veintiún años con unos reales que le dio el viejo para que
se perdiera de su vista. Tal vez las cuatro cuadras a la redonda que conforman
mi nuevo mundo no me han brindado las emociones suficientes para extenderme en
mis relatos. Debo extender mi campo de acción.
Marzo 24.- No tengo nada que escribir
hoy.
Marzo 25.- Hoy camine una cuadra más
allá de mi zona de confort. Llegue a la estación del metro y decidí subirme
simplemente para recorrer la línea sin bajarme de estación. Quiero observar el
mundo subterráneo y las lombrices que lo frecuentan. Me dirijo hacia el sur.
Subo y me siento en una butaca plástica, con el asiento quebrado, de esos que
te pellizcan las piernas.
En la primera parada subieron solo
cuatro personas: un cura, una mujer anciana con un perrito pequinés en los brazos
con cara de arrecho, una señora cargada de carpetas como si fuese una profesora
o algo así y un policía armado hasta los dientes. Los cuatro eran totalmente
diferentes entre sí, pero todos tenían algo en común: Ninguno dijo “buenos
días”.
En la siguiente estación se bajo el
policía, es increíble la sensación de tranquilidad que sentí cuando se bajo,
mientras estuvo a bordo todos parecíamos sospechosos de un crimen. El cura no
dejaba de leer su Biblia, estaba en una especie de trance, como absorto del mundo
ruidoso y putrefacto que lo rodeaba. La anciana veía fijamente las luces del
túnel pasar, como hipnotizada por sus propios pensamientos. El perro pequinés
no dejaba de verme con su peculiar cara de arrechera perpetua, dispuesto a
arrancarme un dedo si me atrevía si quiera acercar mi mano a su húmedo y
babeante hocico. Fue entonces cuando me percaté que la señora de las carpetas
se había bajado en la misma estación que el policía.
Mi periplo en el transporte
subterráneo se vio interrumpido en el momento que subió un niño a vender
galletas en tono amenazante. No lo pensé mucho, me baje en la siguiente
estación y tome el tren de vuelta. Sin abrir los ojos para no enterarme de
quien sube y quien baja llegué a mi estación de origen, para luego encerrarme en
mi cuarto a escribir mis vivencias del día.
Marzo 26.- Hago un chequeo de mis
finanzas, los reales que me dejo el viejo. Estoy bien, voy a comprar algunos
víveres al supermercado.
Llegando del súper, compre varias
cosas, algunas latas de atún, espagueti, varias latas de salsa para pasta,
arroz, un poco de carne congelada, pollo congelado, estos irán a la nevera por
un tiempo, no soy de ponerme a cocinar. También compre chucherías, frituras,
chocolate, refrescos, y unas cervezas para beber solo cuando no quiera ir al
bar. Termino de chequear mis compras cuando me percato que sigo sin espejo.
¿Cómo estará mi cara después de casi un mes sin verla ni afeitarme? Mañana voy
a los chinos y me compro uno pequeño.
Marzo 27.- Me desperté temprano hoy,
como a las siete. Luego de bañarme me puse mi pantalón y una de mis franelas
favoritas y me fui al supermercado a comprar el tan anhelado espejo. Iba
contando el dinero con el que iba a pagarlo cuando parada en la esquina del
semáforo, estaba la joven de la otra vez viéndome fijamente, como quien mira
con atención una obra de arte en un museo, observando, escrutando, calculando,
analizando. ¿Qué coño mira?
Sin embargo su mirada cambio de
dirección cuando se percató que comencé a verla. Hacia tanto calor que
instintivamente me pase la mano por la cara para secar el sudor de la frente,
pero mi sorpresa fue cuando al volver a mirar, la joven no estaba. ¿Que se
había hecho? Busque en los alrededores para seguir su rastro y así poder
entender tan misteriosa desaparición. Pero no la vi, se había desvanecido…
CAPITULO III
…aun sin salir de mi asombro,
llegue al supermercado y compre el espejo. Quise dejar el siguiente asombro
para cuando estuviese a solas en mi cuarto. Al llegar observo mi rostro… Wow!
Lo que hace la emancipación. Tenía aspecto de naufrago. Observé mi barba, larga
pero no tanto para inspirar temor al resto de la gente. Me la voy a dejar así.
Marzo 28.- Debo admitir que mis
padres hicieron bien su trabajo en cuanto a mi educación se refiere. Los veintiún
años que viví con ellos, entre otras cosas, me enseñaron a no usar drogas;
aunque si me gusta beber algunas cervezas de vez en cuando. Digo esto porque
estoy seguro de lo que vi ayer. Esa mujer estaba parada en la esquina mirándome
fijamente, y en un parpadeo simplemente se esfumó. La gente no desaparece así
como así; tienen que caminar hacia algún lado. Pero no, la busqué en todas
direcciones, o eso creo. De lo que si estoy seguro es que estaba sobrio y que
no creo en fantasmas.
Marzo 30.- Llevo dos días escuchando
ruidos en el techo, principalmente en la noche cuando la calle entra en
silencio. Espero que no sea una rata, no quiero acompañantes indeseables. La
monotonía está comenzando a molestarme. Pero no solo eso. También ella. La
chica misteriosa.
Marzo 31.- Ayer no dormí, los ruidos
del techo me tuvieron toda la noche en alerta. Estoy seguro de que no son
ratas, parecen más bien taconeos como una mujer caminando. Viéndolo bien, no
conozco el resto del edificio, ni siquiera sé si arriba vive gente, aunque
supongo que sí por los ruidos. Mañana subo y averiguo.
Abril 1.- Cuando subí al piso de
arriba veo todo abandonado, todas las habitaciones estaban vacías y el pasillo
principal lleno de telarañas y polvo. La única habitación que estaba cerrada
era la que queda justo arriba de la mía, decido tocar la puerta;
definitivamente alguien debe vivir allí. Nadie responde. Debieron salir.
Bajé y me acosté en mi cama justo en
el momento en que escuche los tacones nuevamente. Subí inmediatamente y toque
la puerta con fuerza…nada. Ni un sonido.
Abril 2.- Esto de escribir en este
diario me está agotando, imagino que eso es lo que sienten los adictos. ¿Debo
dejarlo? ¿Estaré alucinando? ¿Serán esos ruidos de tacón producto de mi
imaginación? No he hablado con nadie salvo con Tony en este mes que llevo
viviendo solo. Con Tony y con este ridículo diario. Entonces, ¿Será el inicio
de mi locura definitiva? Si alguien está leyendo esto y está sintiendo algún
interés por mis escritos, espero que me perdone, pero hasta aquí llego. Adiós.
Abril 4.- Llevo dos días sin escribir
nada. Solo quiero hacer mención que hoy cumplo un mes viviendo solo.
Abril 6.- 0000000
Abril 10.- He sucumbido a las
tentaciones de expresarme, así sea con la persona que dentro de mil años traduzca
este diario al mandarín para dar clases de lenguas muertas a sus estudiantes.
Sobre todo por lo que he vivido recientemente. Los taconeos cesaron justo
después que deje de escribir en el diario. Hoy sin embargo, estoy escribiendo y
los tacones no se escuchan, por lo que descarto cualquier cosa paranormal en
todo esto.
Al salir a la panadería esta mañana
al comprarme un cachito, había frio; algo inusual para esta época del año. Poca
gente caminaba en la acera y un gélido viento me hizo voltear instintivamente
hacia atrás y allí estaba.
La joven misteriosa no solo me veía
fijamente sino que esta vez caminaba hacia mí a paso firme. Yo me quede sin
moverme, no sé si por el terror o por la curiosidad. Pero ¿Por qué terror? Era
una joven hermosa, pero una parte de mi quería salir corriendo.
Cada vez que se acercaba más la
detallaba mejor, traía tacones, pero no podía caminar bien con ellos. Su
vestido blanco, se veía cada vez más ocre a medida que se acercaba. Mi corazón
latía con fuerza, sentía que me iba a desmayar; de repente, la tuve en frente
de mí, cerré los ojos y tomó mi mano cuando me dijo al oido: te encontré John
Mc Allister…
CAPITULO IV
Al tomarme de las manos, sentí
inmediatamente como el temor se disipaba; al abrir los ojos me encontré con una
mirada dulce, de ojos azules, un rostro blanco pero sucio, un cabello rubio y
liso pero enredado. Se notaba en ella las huellas del maltrato, las huellas de
la calle. No. No era un fantasma, sino más bien una víctima de ellos. Los
mismos fantasmas que me acosan a mí y a todas las personas: la injusticia, la
hipocresía, el interés en lo superfluo y la desigualdad.
Me dijo su nombre, -Soy Joanna y
soy como tú. De inmediato entendí que se trataba de una chica emancipada,
pero con mucho más tiempo que yo. Le pregunté por qué me seguía y como sabía mi
nombre.
-He entrado a tu habitación y he
leído tu diario-, me dijo. No lo vi como una ofensa. A estas alturas no me
importan esas cosas. Cuando me fui de casa decidí ser libre, no solo de hacer
lo que quiera, sino de todas las reglas estúpidas de esta sociedad, entre ellas
el egoísmo.
Me contó su historia, su nombre era
Joanna Collins y llevaba viviendo sola más de un año, desde que sus padres la
corrieron de su casa al enterarse que tenía novio. Desde entonces, ha estado
viviendo en el cuarto de arriba. Desde hace meses no tiene zapatos, hasta hace
unos días que consiguió unos tacones con los que ha estado practicando caminar.
He ahí la explicación de los taconeos nocturnos. Tiene 19 años y su morada
alternativa es en el subsuelo. Cuando las presiones y las estupideces de la
sociedad la agobian, decide bajar por una alcantarilla ubicada en la esquina de
la cuadra en la que vive. He ahí la otra explicación referente a sus misterios;
por eso no la vi cuando se “esfumó” de mi vista.
Me dijo haberse identificado conmigo
desde que me vio llegar al edificio y, desde entonces, ha estado expiándome. En
mis breves salidas a la calle, se ha colado en mi cuarto a leer lo que he
escrito en este diario, confesándome que desde un principio soñó en formar
parte de él a través de mis relatos.
A diferencia de mi, sus padres la
enviaron a la calle sin dinero, por lo que es literalmente una mujer de la
calle. Los restaurantes y panaderías de los alrededores la han ayudado con el
tema de la comida y algunas prendas de vestir. No pude dejar de solidarizarme
con aquella victima de esta cruel sociedad en la que vivimos.
Le ofrecí ayuda, le dije que podía ir
a mi cuarto a bañarse y a comer algo. Aun tenía el pollo congelado que compré y
podía prepararlo con los espaguetis de la otra vez.
Luego de bañarse y lavar su ropa con
ella, le preste una de mis franelas y un short mientras esperaba que se secara
su ropa. Comimos unos espaguetis con pollo guisado y por primera vez en un mes
encendí el televisor que había en el cuarto. Pensaba que no funcionaría, pero
encendió y aparecieron las caras largas de los borregos que narran las
noticias. Joanna veía con asombro o susto, no estoy seguro. Yo sin embargo, la
veía a ella.
Era una joven hermosa, luego de lavar
su rostro, resplandecía como un hada madrina. Su cabello parecía el de un
ángel, y sus ojos parecían dos faros azules que alumbraban la habitación
entera.
Al rato se secó su ropa, se vistió y
se fue a su cuarto del piso de arriba. Yo esperé que se hiciera de noche para
ir al bar de Tony a tomarme algo.
Abril 11.- Hoy el día estuvo
tranquilo, no salí, me quede leyendo todo lo que hasta el momento he escrito,
corrigiendo errores ortográficos y pensando…en ella.
Abril 12.- Hoy escuché mucho
movimiento arriba, varios gritos y movimiento de muebles. Creo que venían del
cuarto de Joanna, al subir para ver si algo le pasaba, me encontré con la
cerradura violentada y el cuarto vacio. Había rastros de violencia en el lugar,
el colchón donde duerme Joanna estaba volteado con todas las sabanas
pisoteadas. ¿Qué habrá pasado?
Abril 13.- Hoy subí al cuarto de
Joanna a ver si estaba. Nada. Todo estaba igual que ayer. Decidí hablar con el
encargado del edificio y preguntarle qué pasó ayer.
Chuck, el conserje, me dijo que ayer
vinieron los padres de Joanna a su cuarto y prácticamente su papa la molió a
golpes. Al parecer tenían más de un año buscándola ya que su emancipación fue
menos planificada que la mía. En mi caso, cuando mi papa me envió a la mierda,
prácticamente fue un formalismo; yo estaba ido desde hace meses y a él le
importa un carajo si vivo en este edificio o en la china.
No puedo quedarme de brazos cruzados,
debo buscar a Joanna y salvarla de sus crueles padres.
CAPITULO V
Lo primero que hice fue volver a
donde Chuck. Le pedí detalles sobre Joanna, su familia, lugar de procedencia,
etc.
Chuck no me dijo mucho, o tal vez sí.
Me dijo el nombre de su padre, Kevin Collins, un prestigioso y conocido abogado
de la ciudad. De familia adinerada, Collins amasó una gran fortuna ejerciendo
su especialidad: Abogado defensor de maleantes.
Mi objetivo estaba claro; debía
llegar a la casa de Kevin Collins y rescatar a Joanna.
Abril 14.- Hoy el día fue
infructuoso. Me la pasé en la cama viendo al techo pensando en cómo carrizo
hacer para rescatar a Joanna. Yo no soy un superhéroe que va a llegar por la
ventana y listo. Si este tipo es quien dice que es, de seguro tendrá
guardaespaldas armados, vigilantes en las puertas y perros bien arrechos, dispuestos
a arrancarle las bolas de un mordisco a quien se atreva a cruzar el umbral. Mi
plan tiene que ser inteligente y no violento.
Abril 15.- Piensa John…piensa
John…piensa...
Abril 17.- Tuve una idea. A la casa
de Collins debo entrar de forma pacífica y con la aprobación de sus dueños. Se
me ocurre entrar como quien busca trabajo. Ayer fui a dar un vistazo a su casa.
El jardín es muy grande con grama y muchos árboles podados, imagino que deben
utilizar jardineros. Esa sería la manera de entrar. Pero primero debo hacer
algo por mi aspecto. Con esta pinta de pirata más allá de contratarme,
llamarían a la policía.
Abril 18.- A las seis de la mañana ya
estaba en el baño frente a mi espejito de los chinos cortando mi barba y
peinándome el cabello. Luego de planchar con las manos la única ropa
presentable que me traje, me vestí; teniendo el cuidado de parecer un hombre
que busca empleo de jardinero y no un carajito de bachillerato que invitan a
unos quince años.
A las siete ya estaba en el metro. Un trayecto de doce estaciones separan a los suburbios de la gente con dinero. Si, la misma gente que corren a sus hijas de la casa por tener un noviecito.
A las ocho estaba en frente de la mansión Collins. ¡Qué casa¡ Esta gente de verdad que no escatima en gastos. ¿Por qué escatimarán en valores?
Toqué el timbre. Como imaginé, el primero que salió a recibirme fue un pitbull ladrando mientras me veía a los ojos con intenciones de desayunarme. Afortunadamente la reja lo detuvo. Sus ladridos cesaron cuando un empleado, tal vez el mayordomo, grito su nombre.
El sujeto se identifico como Clark, el mayordomo de la familia Collins, mientras me preguntaba sobre mi presencia en el lugar.
Le dije que sabía de jardinería y buscaba trabajo. En eso momento me dijo Ah, ¿viene por el anuncio en el periódico? A lo que rápidamente sin pensar dije que sí.
Ya he escrito sobre lo que opino de los periódicos, así que obviamente no vi ningún anuncio; por lo que la inesperada pregunta de Clark vino como anillo al dedo.
El mayordomo pidió que lo siguiera, que han estado haciendo entrevistas desde hace una semana para el puesto de jardinero. Caminamos por un largo sendero con flores a los lados, bien cuidadas.
El pitbull que hacía unos minutos me quería en su plato, ahora venía detrás de mí escoltándome.
La caminata terminó en el área de la piscina. Hasta entonces, no había visto a Joanna en todo el recorrido, ni en los alrededores del jardín.
Sentado en una silla con un escritorio al frente estaba Kevin Collins vestido de blanco, como quien va o viene de jugar Tenis o Golf; ya saben, lo que yo llamo “deportes de cuello blanco”. Con un habano en la mano y con unos lentes de sol que no permitían distinguir en qué dirección miraba, me dijo: ¡Hola! Siéntate.
Comenzó a leer unos papeles; tal vez pensó que era mi currículo; pero al darse cuenta de que el bolsa que aparecía en la foto no era yo, lo tiró en la mesa y comenzó la entrevista.
Empezó a preguntarme sobre mi experiencia y todas esas pendejadas de las entrevistas de trabajo que solo sirven de relleno para matar el tiempo. Por supuesto no pudo faltar la pregunta de dónde me veía en cinco o diez años. Como si un jardinero en cinco años puede optar a ser el dueño de la casa si trabaja duro y obtiene ascensos. Que bolsería. Pero no podía dejar de pensar a lo que venía.
Luego de hablar pistoladas y de yo responderlas por un lapso de más o menos una hora, la entrevista terminó, me pidió un número de teléfono y me dijo que me avisaría si quedaba seleccionado. Pero antes de pararme de la mesa, Collins pidió que esperara un minuto. Quería que alguien más me hiciera un par de preguntas.
Sentándome de nuevo en la silla de hierro esperé, no sin antes seguir dando un vistazo a los alrededores en busca de Joanna. Pero nada, debían tenerla castigada encerrada en su cuarto.
Mientras esperaba, a mi lado izquierdo estaba Clark como un militar inmutable. Deben pagarle muy bien a este tipo para que ni una mosca parada en su nariz lo haga estornudar. A mi lado derecho estaba el pitbull viéndome fijamente mientras jadeaba, imagino que vigilando que no agarre un cigarro de los que estaban en la mesa.
La espera terminó cuando de la puerta salió de nuevo Collins escoltado por una mujer, su esposa. Se trataba de Suzane Collins, la madre de Joanna supongo. Desde un principio, algo perturbador ocurrió. No sé qué fuerzas se alinearon en el cosmos, pero la aparición de la Sra. Collins no auguró buenos presagios.
Suzanne Collins, una mujer de unos cuarenta y cinco años, de cabello castaño claro, ondulado, de ojos tan azules o más que los de Joanna y un cuerpo muy bien cuidado, se detuvo en seco cuando me vio sentado en la silla. Su mirada se quedo fija en mí, como si me estuviera examinando. ¿Qué había visto? ¿Por qué se detuvo?
Luego de ese lapso algo incomodo, la Sra. Collins continuó su paso y se sentó en la silla que anteriormente uso el Sr. Collins. Solo hizo una pregunta: ¿Eres mayor de edad? A lo cual le respondí que claro, que tenía veintiún años. Luego de eso me dio las gracias, se levantó de su silla y se fue, no sin antes detenerse en la puerta y darme un último vistazo antes de entrar.
Llegando a mi cuarto pensaba en mis entrevistas; en lo fastidiosa de la primera y en lo extraña de la segunda. ¿Qué sabía Suzanne Collins de mí? ¿Por qué se detuvo en seco al verme?
CAPITULO VI
Abril 20.- Llevo dos días yendo a la
mansión de los Collins a preguntarle a Clark sobre mi empleo. Nada. Aun sin
respuestas. Si tuviera un teléfono celular se lo hubiera dado al Sr. Collins
para que me llamara y no tendría que hacer este largo viaje en metro todos los
días.
Abril 21.- Hoy no fui a donde los
Collins. Estuve todo el día en la cama pensando en Joanna. En la tarde fui al
bar de Tony y me tome dos curdas. Nada más que escribir por hoy…día fastidioso.
Abril 23.- Por fin Clark me dio la
noticia de que tengo el trabajo. Empiezo mañana.
Abril 24.- Mi primer día de
trabajo…que día. Jamás había cortado tanto monte en mi vida. Debo tener
cadillos hasta en las orejas. Tuve mis primeras noticias de Joanna. Como era de
suponer, sus padres la tenían castigada en su cuarto. Por supuesto que a este
nivel, lo que entendemos por su cuarto, es el equivalente a un apartamento para
una familia de cinco personas.
Pude arreglármelas para hablar con
ella, mientras limpiaba la maleza de la ventana de su habitación. Al verme,
primero se sorprendió, me dio un fuerte abrazo y me comió a besos por la
cara…yo también a ella claro está.
Le expliqué del por qué estaba
trabajando allí: para protegerla y salvarla cuando sea necesario. Le prometí
que no la abandonaría. Le conté sobre mis anécdotas recientes y lo aburrida que
era la vida en el edificio sin su compañía.
La conversación se vio interrumpida
de forma abrupta cuando sonó la puerta del cuarto…alguien entraba.
Sin esperar a ver quién era salí
rápidamente por la ventana y baje por la escalera que estaba utilizando para
mis oficios.
Luego de bajar y de asegurarme que
Joanna estaba bien, me dirigí al área de piscina para cortar la grama de los
alrededores. En ese momento me percaté que la Sra. Collins estaba en una de las
sillas de extensión tomando sol.
Al verme, la Sra. Collins se levantó
los lentes viéndome fijamente. Dicha actitud la mantuvo durante el resto del
día. Que quiere o que sabe esa señora de mí.
Abril 25.- Anoche no pude dormir
pensando en lo que la Sra. Collins podía saber o no saber de mí. Sin embargo,
luego me puse a pensar, ¿que podía saber de mí? ¿Que mi papa me mando a la
mierda y lo obedecí? ¿O que se que ella y su esposo son unos malos padres?
Hoy llegué al meollo del asunto.
Nunca estuve tan equivocado.
Tal vez la persona que este leyendo
este diario lo haya sospechado muchas líneas antes. Yo sin embargo, lo supe
hoy.
Mientras limpiaba las canaletas de
agua del techo, la Sra. Collins pasó con rumbo hacia la piscina, no sin antes
voltear hacia donde yo estaba. Llevaba puesta una bata blanca como de baño.
Noté que con mucho cuidado miró a
todas direcciones, cerciorándose de que Clark o el Sr. Collins no estuvieran
cerca. Acto seguido se volvió a mí y empezó a desabrocharse la bata viéndome
fijamente.
En todo momento pensé que debajo de
la bata vería a una mujer en traje de baño…sin embargo…cuando la Sra. Collins
dejó caer la bata al piso pude ver…que estaba totalmente desnuda…
Acto seguido, la Sra. Collins empezó
a simular un baile erótico, de esos que hacen las mujeres en los bares con un
tubo, mientras sacaba su lengua fingiendo que me saboreaba…
Debo confesar que en ese momento no
pude ver hacia otra parte. La Sra. Collins es una mujer hermosa, sumamente
atractiva y con un cuerpo espectacular. Por fin entendí lo que se trae en
manos.
La Sra. Collins me quiere a mí…
Esto si complica la cuestión. Por una
parte estoy allí para salvar a Joanna de la amenaza de sus padres; por otra
parte, su madre me quiere poner el guante…¿o será una trampa? De algo estoy
seguro: La Sra. Collins va a seguir con esto.
Abril 25.- Esta mañana Clark me dijo
que mis funciones cambiarían un poco. Hoy no trabajaría con jardinería, debía
arreglar varias tomas eléctricas en las habitaciones. Luego de visitar
escondidamente a Joanna para saludarla y ver como estaba empecé con mi tarea.
Arreglé alrededor de quince tomas en
casi todos los cuartos. Clark había dejado todas las habitaciones abiertas para
que yo entrara a trabajar. Sin embargo, la última puerta estaba cerrada, pero
no con llave.
A estas alturas no me importa abrir
una puerta y entrar sin que me vean; total yo no vine a trabajar realmente a
esta casa.
Cuando entre quede sin habla.
Se trataba de una habitación totalmente
dedicada al sexo. Habían mas vibradores y consoladores en esa habitación que
arboles Sequoias en el parque Yellowstone.
Látigos, antifaces, botas, maquinas
de todo tipo, todas propiedad de la Sra. Collins.
Cada vez se me abren más los ojos. Esta
mujer no es simplemente la madre de Joanna. Me estoy enfrentando a una
ninfómana sin límites con un único objetivo: Yo.
Al voltear para salir de la
habitación…la Sra. Collins estaba en la puerta.
Seguía desnuda y de un golpe cerró la
puerta diciéndome: ¡Eres mío Mc Allister!...no hace falta escribir lo que pasó
después. No quiero que esto deje de ser un diario de mi vida de emancipado y se
convierta en un diario de Lulú y Lolita.
Abril 26.- Es increíble cómo cambian
las prioridades de un día para otro. Hasta ayer, mi prioridad era Joanna y su
bienestar. Hoy, mi prioridad es…Suzane.
Una mujer que me dobla en edad, se ha
apoderado de mí. ¿Será una bruja?
Abril 27.- Hoy estuve de nuevo con
Suzane…sin palabras.
Abril 28.- Joanna ha quedado de lado.
Llevo días sin verla y no me importa. Suzane se ha convertido en el centro de
mi vida…de mi vida sexual claro.
Abril 30.- Suzane te amo…
Mayo 15.- Increíble, estos días a
escondidas con Suzane han reemplazado mi necesidad de escribir en este diario.
Hoy sin embargo vuelvo a sus páginas.
Suzane es increíble, es una mujer de
fuego. Siento que no puedo vivir sin ella. Tal vez lo que lo hace emocionante
sean sus locuras y el hecho de escondernos del Sr. Collins. No obstante ayer
llegamos al límite.
La necesidad de cada vez aumentar la
emoción nos llevó a hacerlo en lugares peligrosos: la piscina, la grama del
jardín, la cocina y un largo etcétera. Siempre pendientes que no nos vieran
Clark ni su esposo.
Ayer me pidió que lo hiciéramos en la
sala detrás de las cortinas mientras su marido veía la televisión.
Primero yo me negué rotundamente.
Obvió, no quiero morir. Sin embargo, luego me convenció y caí como un inocente.
Iniciamos lentamente...sin hacer
ruidos; pero luego, al ponerse la situación más intensa, todo empezó a salirse
de control.
Suzane empezó a gemir como si
estuviera sola sin nadie escuchándonos. Sus movimientos, cada vez más bruscos y
rápidos, hicieron caer un jarrón de porcelana al piso causando un estruendo…y
las cortinas se vinieron abajo dejándonos al descubierto ante la mirada atónita
del Sr. Collins…
Suzane continuó su faena hasta el
final, ya que estaba a espaldas de Collins…yo sin embargo, lo veía de frente
observándonos con una mirada asesina…
CAPITULO VII
Junio 14.- Luego de dos largos meses,
vuelvo de nuevo a escribir. Esta vez no lo hago desde mi cuarto en Main Street.
Hoy escribo desde una celda.
Después del infortunado episodio con
Suzane, el Sr. Collins haciendo uso de sus habilidades con las leyes, se las
arregló para levantarme falsos cargos haciendo que me condenaran por diez meses
en una cárcel local.
Durante los primeros dos meses fue
despojado de mis pertenencias, entre ellas el diario. Hoy vuelvo de nuevo a
escribir gracias a mi buen comportamiento.
He hecho buenas amistades aquí en la
cárcel, por lo que no he tenido ningún tipo de problemas ni peleas.
Como era de esperarse no he recibido
visitas. Ni mis hermanos, ni mi papá por supuesto han venido a verme. Creo que
ni siquiera saben en donde estoy. Me siento más tranquilo con mi diario al
lado.
Voy a dormir.
Junio 15.- La vida en esta cárcel es
bastante activa; casi no da tiempo para aburrirse. Desde temprano nos levantan,
desayunamos, luego hacemos ejercicio y trabajamos en la construcción de una
nueva ala en el penal.
Haciendo una revisión de mis
sentimientos, me pongo a pensar que mi emancipación la he llevado al límite.
Siento que no dependo de nada ni de nadie. No me hace falta Joanna, Suzane, mi
familia; ni siquiera el cuarto en Main Street. ¿Qué será de la vida de Tony por
cierto?
Junio 20.- Mucho trabajo en estos
días…casi no me da tiempo ni ganas de escribir.
Julio 4.- La vida en la cárcel es tan
monótona que no he conseguido nada interesante para escribir en el diario. Sin
embargo, hoy recibí una visita inesperada: Joanna.
Al principio pensé que iba a
reclamarme por haberme acostado con su mamá, pero más allá de eso, su intención
fue la de darme apoyo. Yo se lo agradecí y aproveché para preguntarle por
Suzane.
Me dijo que luego de mi prendimiento,
sus padres se separaron y que su mamá vivía sola en un apartamento no muy
lejano.
Joanna tomó dicha situación como
excusa perfecta para volver a su cuarto en Main Street…después de todo si pude
salvarla de sus padres…
Al despedirse me dijo que volvería y
que tal vez su mamá podría venir a verme.
Agosto 2.- La monotonía continuó. Y
valla que terminó. Hoy vino Suzane a verme con dos noticias; ninguna de ellas
buena.
Lo primero que me dijo fue que su ex
esposo se había suicidado. La razón era la segunda noticia: Estaba embarazada y
el bebe no era de él.
Al parecer aquel último encuentro
pasional no dejó únicamente un jarrón de porcelana roto…
Pienso que se suicidó el hombre
equivocado…yo, un hombre emancipado, me fui de mi casa a vivir solo, sin
responsabilidades, a beber, a acostarme con la mujer que quiera, a fumar
cigarros en el bar de Tony…ahora espero un hijo de una vieja tirona?
Le dije que no iba a reconocer al
bebe. Que la ayudaría con los gastos pero que no lo criaría ni viviría con
ella. Por supuesto eso la desconsoló y salió llorando de la sala de visitas.
¿Por qué no pensó en eso cuando estábamos en la sala mientras brincaba como una
canguro hembra en celo?
Esto me tiene furioso. Disculpen las
mujeres que lean estas líneas, mi intención no es ofenderlas, pero por favor
piensen antes de actuar…claro, yo también debí pensar antes de actuar. Miren en
donde estoy ahora; comiendo bazofia, durmiendo en una celda fría y hedionda,
con un bebe en camino…
Agosto 4.- Dos días sin dormir, ni
comer… ¿será que tomo el camino de los cobardes?
Agosto 5.- Este diario de mierda….ha
sido mi desgracia. Tomaré la decisión del cobarde. ¿? ¿? ¿? ¿? ¿? ¿? ¿?
¿?
CAPITULO VIII
El día en que Andrew Miller cumplió
ocho años, coincidió con el inicio de la guerra. No hubo celebraciones, ni
pastel de cumpleaños.
El inicio del conflicto bélico
llevaba consigo el reclutamiento de hombres jóvenes, ya que el ejército era
insuficiente. Por supuesto que estos hombres jóvenes eran padres de familia,
incluso abuelos.
En el caso de Andrew Miller, la
guerra se llevó a su padre como recluta forzado, no sin antes asesinar a su
madre por resistirse. De igual manera, su abuelo fue llevado con ellos.
Fue así como Andrew quedo bajo la
custodia de su abuela Alice Teheran.
Alice, de origen sirio, era una mujer
de su hogar, sumamente educada, de alto abolengo; conocida y respetada por los
vecinos.
Antes del reclutamiento de su marido,
Alice nunca había trabajado. Sin embargo, era una mujer con mucha experiencia
en los oficios del hogar y en labores como tejer y coser.
Andrew comenzó a observar un mundo
diferente rodeándolo. Un mundo totalmente opuesto en el que había pasado su
primera infancia. Pasó a conocer de frente las amarguras de la pobreza. En los
días en que su abuela no conseguía quien contratara sus servicios domésticos,
hacían hasta una comida en todo el día. Dicha situación aceleraron el proceso
de maduración de Andrew.
Viendo a su abuela cada vez mas
agotada por las tareas para sobrevivir, Andrew comenzó a vender periódicos en
una esquina; controlando sus impulsos de no gastar los pocos centavos que
ganaba en golosinas.
Con ese dinero y el que lograba ganar
su abuela, podían comer un poco mejor que antes.
Luego de perder el miedo, Andrew
incursionó en varios oficios como limpiabotas, cuidador de ganado, sembrador de
patillas, vendedor de semillas, etc. Andrew estaba adquiriendo el conocimiento
del comerciante.
Una mañana cuando Andrew estaba
descansando a la orilla de la playa, se dirigió al muelle.
Mientras estaba solo meditando, con
su mirada puesta en el horizonte, un hombre se acercó a él diciéndole: ¿Te
gustaría navegar? ¿Quisieras ser pescador? Andrew no lo pensó mucho y vio esa
propuesta como una oportunidad para ayudar económicamente a su abuela.
Luego de comentárselo a Alice, Andrew
zarpó la mañana siguiente como ayudante de los pescadores en el barco Liberty.
Casualmente, luego de la
incorporación de Andrew al equipo de pescadores, la actividad de pesca se
incrementó abruptamente, los pescadores de por si supersticiosos, atribuían la
buena pesca a la presencia de Andrew en el barco.
La emoción y la suerte sin embargo se
apagaron repentinamente.
Una madrugada, el barco en el que
viajaban los pescadores fue interceptado por piratas, los cuales robaron la
pesca de todos los días que llevaban navegando, asesinaron al capitán y
raptaron a Andrew.
Andrew nunca más vio ni supo de su
abuela Alice Teheran
CAPITULO IX
La vida que los piratas le dieron a
Andrew fue como de rey. Desde un principio le enseñaron el arte de la guerra y
la navegación.
Con el tiempo, Andrew se fue
convirtiendo en todo un hombre experto en navegar sobre todo en tiempos de
tormenta. Resultaba curioso ver al resto de los piratas, durante las tormentas,
vomitando y escondidos en sus camarotes mientras Andrew como todo un experto
sorteaba las olas desde el timón, al mismo tiempo que controlaba las velas. No
era sorpresa de que el resto de la tripulación lo hayan hecho el líder del
grupo, a pesar de su corta edad.
Los años fueron pasando y el
liderazgo de Andrew iba en aumento. Al cumplir la mayoría de edad, los piratas
le dieron el rango de capitán en jefe de la nave y el control total en la toma
de decisiones.
Los asaltos que realizaban a los
barcos pesqueros y mercantes eran sumamente violentos. A Andrew no le temblaba
el pulso cuando se proponía a lograr su cometido. Mujeres, niños, ancianos eran
maltratados y asesinados durante los atracos a las embarcaciones.
La avaricia de Andrew crecía sin
límites. Muy lejos había quedado aquel niño que limpiaba botas en las calles
para llevarle comida a su abuela.
Cuando asaltaban los barcos, las
victimas quedaban atónitas al ver la corta edad del capitán. No podían concebir
que un joven de dieciocho años fuera el líder de una patota de piratas
asesinos.
Andrew sin embargo no se conformó con
robar a pescadores y pequeños comerciantes. Una mañana reunió a su tripulación
para darles la orden de atacar nuevos objetivos. Quería incursionar en el
secuestro de barcos de pasajeros.
El Tritono, un barco de pasajeros
trasatlántico, era uno de los más importantes del mundo en aquel entonces. La
elite de Europa, personas del más alto abolengo solían viajar en él; entre
ellos la familia Darlington.
Los Darlington eran los dueños de
casi todas las fábricas de Whisky en Escocia. Su fortuna alcanzaba
grandes cifras. No solo eran ricos, tenían también alta influencia y poder
político en Escocia y en el reino unido.
Andrew, a través de sus informantes
piratas, supo que el Tritono venía en dirección opuesta a su rumbo. También se
enteró que los Darlington venían como pasajeros. Un gran botín se avecinaba…
Andrew estaba a punto de dar el gran
golpe de su vida.
CAPITULO X
George Darlington viajaba con todas
las comodidades de la primera clase. Con él venían su esposa Anne y sus dos
hijas, Marina y Clara.
Clara era la menor de las dos, con
diecisiete años, cabello rubio, ojos verdes sería la primera opción de
secuestro por parte de los piratas de Andrew.
El asalto al barco sin embargo no iba
a ser por parte de toda la tripulación de piratas. El plan era que Andrew se
haría pasar por un naufrago en uno de los botes salvavidas del barco pirata.
Subiría al barco, se ganaría la confianza de la familia Darlington, llegando a
ellos de una u otra manera, y luego daría el golpe decisivo: Secuestrar a la
joven Clara.
Nunca Andrew pensó que el destino le
jugaría una mala (o buena) pasada.
Cuando llegó como naufrago, de una
manera desconocida, logró acceder a la familia Darlington haciendo uso de sus
conocimientos de sastrería.
Poco a poco conoció a Clara, pero con
tan mala suerte (o buena) que entre ellos fue surgiendo un romance. Andrew
dudaba por momentos en terminar su plan.
Los días pasaban y las dudas, sumadas
al enamoramiento, ganaban terreno. ¿Qué podía hacer? A unas pocas millas
náuticas esperaba el barco con el resto de los piratas. No podía echarse para
atrás. Pero, Andrew y Clara cada vez eran más inseparables. Al fin llego el día
decisivo.
Al parecer el resto de los piratas no
quiso esperar más a Andrew, decidieron atacar el barco ellos mismos. Sus planes
se hubieran llevado a cabo de no haber sido porque en el Tritono viajaba una
división completa de infantería armada hasta los dientes.
Los piratas no habían terminado de
subir a cubierta cuando la división de infantería los acribilló a todos,
cayendo la mayoría de ellos al mar para ser devorados por los tiburones.
Andrew, presa del terror, pensó que
lo descubrirían; pero las leyendas y noticias de Andrew Miller solo se habían
transmitido de boca en boca, no había fotos de él, así que nadie lo conocía.
Con eso a su favor, Andrew solo tenía
que huir. Pero no podía dejar a Clara. En medio de esa confusión, Clara y su familia
le pidieron a Andrew que se quedara con ella.
Cuando toda la trifulca pasó, la
división de infantería paso revista a todos los tripulantes y pasajeros del
barco. Andrew no podía dar su verdadero nombre; todos sabían de la existencia
de Andrew Miller por estos mares, el terrible pirata adolescente. Tenía que
pensar rápido.
Cuando llego su turno, el guardia lo
miró fijamente; le pregunto; ¿Cómo te llamas muchacho?...
¡Andrew¡ -dijo-
Andrew qué? –replico el guardia.
En fracciones de segundos pensó en un
apellido conformado por una combinación de nombres. Ya que viajaba y estaba
prácticamente comprometido con Clara Darlington, de origen escocés, ideo un
nombre con origen en los clanes de Escocia, así que su apellido empezaría por
Mc.
Ya que el prefijo Mc significa “hijo
de”, pensó realmente “mi madre fue mi abuela Alice…Alice Teheran. Entonces mi
apellido sería Mc Alice Teheran…pero es muy largo debo reducirlo”.
Mi nombre es Andrew Mc AliceTehr…y el
guardia escribió en la boleta “Andrew Mc Allister”.
Al llegar a Escocia, Andrew y Clara
se casaron, tuvieron tres hijos: John, Alice y Janice.
Y para resumirles, luego se fueron a
América a vivir a una ciudad de un país del cual no me interesa hablar y a los
veintiún años, mandó a su hijo mayor, o sea a mi, a la mierda a escribir el
diario que están leyendo.
Si. Soy hijo de un pirata asesino que
le falló el plan de secuestrar a mi madre.
Diciembre 2.- Definitivamente el niño
que tiene Suzanne en su vientre es mi hijo. Se llamará James.
Diciembre 3.- He decidido irme a
vivir con Suzanne en la casa que su difunto ex marido suicida le dejó. Ahora
Clark es mi empleado y el perro pitbull es un perro callejero. A mí nadie me
ladra y me intenta morder.
Diciembre 4.- Y así es como terminan
las vivencias de un emancipado. Por lo menos las vivencias que valen la pena
ser escritas.
VEINTIUN AÑOS DESPUES…..
Mayo 2.- Hoy es el cumpleaños número
veintiuno de mi hijo James…no saben cuánto tiempo he esperado este día…para
mandarlo a la mierda. A partir de mañana se va de esta casa. Y con respecto a
este diario, lo dejare en donde lo encontré. Debajo de la cama en el
apartamento de Main Street, donde por casi un año de mi vida…fui verdaderamente
¡FELIZ¡
……………………..
Hoy me he conseguido este viejo
diario debajo de la cama…le pondré un nuevo título…
DIARIO DE JAMES MC ALLISTER
Mayo 4.- Me he levantado, soy libre!
Ahora qué coño comeré? Ahí tengo unos huevos, los comeré fritos, un café con
leche y para la cama otra vez, a ver que se me ocurre.
Mayo 6.- Esta mañana salí a la calle,
la tengo tan cerca, parece que vivo en ella, pero no. Aquí estoy con un techo y
cuatro paredes que me separan de la barbarie urbana, de ese monstruo que los
ilusos llaman ciudad…..
FIN
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